Entrevistas

El verdadero valor de trabajar en equipo

Revista Málaga 163 — Francisco Calleja

Reunirse con el cirujano cardiovascular infantil Dr. Francisco Vera y con el intensivista pediátrico Dr. Antonio Morales no solo es aprender de su experiencia en cooperación, sino entender el verdadero valor de trabajar en equipo. Transmiten respeto mutuo y compañerismo en el sentido más amplio y profundo de la palabra. Ellos forman parte de un equipo de profesionales del H.R.U. de Málaga que el pasado mes de enero regresó de una campaña quirúrgica en Managua para operar a niños con patologías cardiacas cuya complejidad no pueden abordar allí en estos momentos.

Dra. Lola Luque

¿Cómo surgió la campaña en Managua?

Dr. Francisco Vera (FV): A través de Infancia Solidaria. Nosotros ya colaborábamos con esta ONG operando en nuestro centro, el Materno-Infantil, a niños procedentes de otros países. Durante un evento en el que nos dieron un reconocimiento, conocimos a su presidente y nos propuso salir nosotros a estos países a operar.

Dr. Antonio Morales (AM): Yo ya tenía experiencia con otra ONG, Healing Little Hearts, en Palestina, Nigeria e India, pero integrándome en otro equipo que ya tenía su forma de trabajar y otro idioma. Esta vez ha sido un lujo poder trabajar con nuestro equipo habitual; todo funciona mejor y nos sentimos muy cómodos. El equipo está formado por dos o tres intensivistas pediátricos, cuatro enfermeras especializadas en UCIP, una cardióloga infantil, uno o dos anestesiólogos, una enfermera de anestesia, una instrumentista, una perfusionista y dos cirujanos con experiencia en cirugía cardíaca infantil.

¿Qué tipo de patologías operáis?

FV: Malformaciones cardiacas congénitas (Fallot, CIV, CIA…) que precisan circulación extracorpórea y que sus cirujanos no suelen intervenir. Los casos nos los presentan ellos y nosotros preseleccionamos desde aquí, aunque, una vez allí, puede cambiar esta selección, ya que volvemos a revisarlos in situ. Operamos a dos pacientes al día. Una parte importante del trabajo es la capacitación de los profesionales locales, que están con nosotros en todas las etapas del proceso: pre y anestesia, cirugía, cuidados postoperatorios…

A: Hemos intentado la formación online, pero no ha funcionado tanto como querríamos. También estamos intentando traer a los profesionales a rotar aquí, en nuestro hospital. Esperamos que la intensivista pediátrica pueda venir en octubre.

¿Qué creéis que aportáis en estas campañas?

F: A nivel asistencial, darles la oportunidad de tratamiento a estos niños con patologías complejas que, si no, no la tendrían. Por otro lado, la docencia al personal pretende que lleguen a ser autosuficientes y no nos necesiten, ya que son muy buenos profesionales que quieren crecer para ayudar a sus pacientes.

A: A nivel de material, casi todo es local, pero nosotros llevamos alguna medicación y algunos fungibles de los que no disponen. También hemos intentado saber cuáles eran sus necesidades, preguntarles qué necesitaban y esperaban de nosotros.

Algunos niños también vienen desde Nicaragua con Infancia Solidaria a nuestro hospital con sus familias, y de otros países (Honduras, Senegal, Gambia…). Nuestra perfusionista tiene la doble experiencia: ha sido tanto cooperante como madre de acogida de uno de estos niños.

Siendo un área tan especializada, ¿habéis encontrado mucha diferencia en trabajar allí con respecto a hacerlo aquí?

F: Como cirujano, poco, porque, además, llevaba mi equipo profesional habitual. Más en el perioperatorio que en el intra; los servicios satélites (laboratorio, radiología) no son tan rápidos e incluso algunos no están disponibles en el hospital.

A: Nosotros sí hemos notado más diferencias, no solo de medios (monitorización…), sino en la forma de trabajar, sobre todo con la enfermería de UCI: diferente, no peor. Y otras cosas no habituales; por ejemplo, se fue la luz dos veces y teníamos que repartirnos para ventilar a los pacientes sedados a mano.

¿Y diferencias culturales, por ejemplo, a la hora de comunicaros con los familiares de los pacientes?

F: Nuestra forma de relacionarnos con las familias, con respecto a la de los profesionales de allí. Nos llamó la atención que eran estrictos con los horarios de visitas, incluso con pacientes que se encontraban muy graves.

¿Habéis tenido fallecimientos? ¿Cómo lo aceptan las familias, siendo vosotros para ellos profesionales que vienen del extranjero y supuestamente más cualificados?

A: Hemos tenido dos fallecidos en los dos años. Las familias están tan afectadas como aquí, pero muy agradecidas cuando les dedicas tu tiempo. Son muy cariñosas; otras familias de pacientes previamente operados nos visitaban y traían comida todos los días. Nos ven como una oportunidad de curación para sus hijos.

¿Y qué os aporta a vosotros esta experiencia? Antonio tenía más experiencias previas, ¿se vuelve igual de la primera que de la quinta?

F: Sobre todo, valorar que tengamos un sistema sanitario público universal. He visto la frustración de los profesionales de allí al no poder ayudar a sus pacientes, sabiendo que en otros sistemas podrían hacerlo. También he aprendido a afrontar y aceptar de otra manera las complicaciones: a veces se hace todo bien y las cosas salen mal.

A: No es lo mismo la primera que la quinta; en la primera eres el novato, te sientes más desubicado, sobre todo porque hablaban todos en inglés y ya tenían su equipo formado. Con tu equipo vas más a gusto, aunque, por otro lado, sientes más responsabilidad al ser uno de los veteranos del grupo. Es un grupo muy profesional, muy bueno y con mucha sensibilidad y humanidad. Este segundo año, con el grupo más experimentado, ha sido más relajado.

He aprendido a valorar a los profesionales locales, que tienen mucha formación y mucho mérito por trabajar en condiciones diferentes a las nuestras.

También he aprendido en lo profesional, extrapolando a mi trabajo aquí la planificación: planes de contingencia y anticipación a las posibles complicaciones, diseñados y revisados con todo el equipo. Nos organizamos y comunicamos mejor. El trabajo en equipo mejora los resultados.

También habéis sido voluntarios como equipo de ECMO en España, ¿cómo es?

A: Cuando un paciente precisa ECMO y no está en un centro con ECMO (hay más de 30 provincias sin ECMO en España), un traslado convencional es de altísimo riesgo; en ese escenario, es mejor trasladarse al hospital del paciente, iniciar la ECMO y volver con el paciente estable a un centro con ECMO. Países como Suecia y Estados Unidos lo hacen desde hace tiempo. En nuestro país, el Hospital Doce de Octubre fue pionero y nosotros empezamos en 2018. Fuimos noticia por un caso en el que fuimos nada menos que a Burgos: los otros dos equipos que realizan traslados con ECMO no podían y no lo dudamos; el niño nos necesitaba. Ha sido un trabajo voluntario durante años hasta ahora, que va a empezar a ser oficial y remunerado. Es un acto muy bonito y necesario; en un sistema que tiende a tener de todo en todas partes, no tiene sentido tener ECMO en todos los hospitales: estaría infrautilizado. Nos desplazamos en helicóptero, ambulancia… Es como cooperar en España. Somos prácticamente el mismo equipo: un cirujano como Francisco y un intensivista como yo, con una enfermera de UCIP y una perfusionista, así como el equipo de emergencias extrahospitalarias. Es muy importante formar un buen equipo, no solo porque facilita el trabajo, sino porque los resultados son mejores. Tanto la cooperación en Nicaragua como este proyecto serían imposibles sin el apoyo de nuestro hospital, de nuestros servicios, de nuestros compañeros médicos y enfermeros y de la buena relación profesional que tenemos; no es usual. Nos permiten, por ejemplo, salir de cooperación con permisos remunerados y ausentarnos de nuestros puestos habituales de trabajo mientras realizamos estas tareas.

Para despedirnos, ¿algún consejo a los que empiezan?

A: Que vayan con la mente muy abierta; van a aprender más de lo que aportan.

F: Ir sin prejuicios y con mucha humildad. No somos mejores: ellos sabrían hacerlo si tuvieran otras circunstancias. Que vayan preparados, no a aprender: yo no fui hasta que tuve experiencia y me sentí seguro como profesional. Nos sentimos muy afortunados de poder ir; es un lujo como ser humano.

A: Realmente, este es un tipo de cooperación que se puede considerar “de élite”, por los medios de los que disponemos, con respecto a la cooperación al desarrollo, pero entiendo que es la que tenemos que hacer, porque es para lo que estamos cualificados.

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